Círculos internos:


“... los procesos de reactivación de los chakras de la Tierra y la gestación de nuevas culturas no son eventos mecánicos, sino que requieren titánicos esfuerzos plenamente concientes cuya realización sería del todo imposible para los seres humanos ordinarios.
¿Quiénes son entonces los que efectúan estas tareas de las cuales se beneficia no solo la Humanidad sino el planeta mismo?.
Las tradiciones Sagradas de todos los tiempos nos informan que esta clase de labores se pueden llevar a cabo gracias a los existencia de "Círculos Internos Terrestres y Celestes". Pertenecen a los primeros todos aquellos seres humanos que alcanzan en vida un desarrollo espiritual excepcional, mismo que les otorga una sabiduría y una serie de facultades que no poseen el resto de los mortales.
La mayor o menor importancia que tienen dentro de estos círculos los integrantes de los mismos, está determinada por el grado e intensidad de la conexión que cada uno de ellos logra establecer con quienes conforman a su vez los círculos Celestes, o sea aquellos seres que ya no son ni materiales ni mortales y que constituyen una jerarquía en cuya cúspide se encuentra Dios, la Divinidad, lo Innombrable o como quiera que se designe según las diferentes Tradiciones a quien constituye el origen, causa y sustento de todo cuanto existe.
...
En lo que respecta a los Círculos Internos Terrestres, estos podrían dividirse en cuatro. En primer término quedarían "los guardianes", o sea los hombres y mujeres que tienen a su cargo la custodia de muy diferentes herencias sagradas. ... lugares sagrados de la Tierra ("nadis") ... conocimientos correspondientes a una determinada Tradición o Cultura ... hay guardianes de muy distintos grados en cualquier Cultura (Zapoteca, Árabe, Quechua, Occidental, etc.) ... aun cuando muchas culturas hayan desaparecido o se encuentren en su etapa final. En igual forma hay guardianes de las distintas Tradiciones Sagradas (Cristiana, Islámica, Budista, etc.) que pueden o no pertenecer a las diferentes instituciones externas que en un determinado momento fueron creadas por dichas Tradiciones. Tal sería el caso de los actuales Templarios ... que constituyen uno de los Círculos Internos de los "Guardianes de la Cristiandad".
La importancia de las diferentes funciones que realizan los guardianes es decisiva para la preservación de la civilización y de la existencia misma de la Humanidad. De no ser por ellos, las fuerzas de la barbarie y de la destrucción - que están siempre presentes y activas- barrerían en muy poco tiempo con toda manifestación de auténtica cultura y llevarían su sed de exterminio a la extinción de cualquier forma de vida sobre el planeta.
El segundo Círculo Interno Terrestre quedaría integrado por lo que en la tradición Cristiana se conoce como "santos", personajes que desde luego tienen su equivalente en cualquier tradición. Se trata de seres que han logrado importantes avances en lo que hace a trascender el ego y superar los defectos inherentes a la condición humana ordinaria. Cualidades como la generosidad, el amor al prójimo, y la carencia de anhelos materiales comunes, son casi siempre distintivas en los hombres que han alcanzado el grado de conciencia que han alcanzado los integrantes de este Círculo, pero desde luego la característica más sobresaliente de todos ellos es una cotidiana conexión con lo sagrado, o sea la posibilidad de mantener una unión más o menos permanente entre su ser y lo Divino.
Al contrario de lo que ocurre con los guardianes, en el caso de los santos no resulta tan fácil determinar cual es la función biológica que desempeñan dentro del organismo de la Humanidad. ... se requiere ... una visón cósmica .... Los santos son "el alma de la Tierra" y es gracias a su existencia que pueden ser aprovechadas o neutralizadas (según sea el caso) toda una serie de influencias cósmicas que van fortaleciendo o retrasando el avance espiritual de la especie humana. ... la innegable existencia de seres humanos que en todos los tiempos han logrado alcanzar la santidad, constituye una prueba irrefutable de que la naturaleza humana ordinaria puede ser trascendida ...
Un gran número de instituciones, tanto benéficas como culturales (hospitales, universidades, etc.) han sido creadas o bien por ellos mismos o bien por personas que actuaron movidas por el ejemplo e inspiración que estos seres generan y que perdura mucho tiempo después de su desaparición física.
El tercer Círculo de esta clase corresponde a los Maestros o Altos Iniciados. Ellos constituyen el auténtico "Espíritu de la Tierra". Su verdadera función y la forma que en que la llevan a cabo son un misterio para la mayor parte de las personas; sin embargo es evidente la trascendental importancia que juegan en la evolución no solo de la Humanidad, sino de todo lo que atañe a la tarea de ir logrando una progresiva ampliación de conciencia del planeta y de cuanto en el existe.
... corresponde a los Maestros la realización de los rituales más sagrados, que trascienden la forma de una determinada Tradición o Cultura y que permiten una conexión directa entre las energías terrestres y celestes. Son esta clase de rituales los que hacen que el planeta pueda proseguir su ampliación de conciencia y evolución.
... Finalmente existe el cuarto y más secreto de los Círculos Internos, el que integra a quienes constituyen el Gobierno Espiritual de la Humanidad y del Planeta. ... bien poco ... puede saberse con certeza sobre este Círculo. Al menos su existencia está fuera de toda duda, pues constituye un hecho que ha sido reconocido siempre por los Maestros de todos los tiempos y lugares. ... el velo que cubre a quienes forman este círculo es totalmente impenetrable, pues ni siquiera los propios Maestros conocen sus nombres o sus rostros, ni tiene forma alguna de comunicarse con ellos, sino que deben aguardar a que sean estos seres los que cuando estimen conveniente les proporcionen determinadas órdenes o indicaciones, utilizando para ello procedimientos nada convencionales: sueños, telepatía, y toda clase de señales prodigiosas en los elementos como por ejemplo repetitivas señales en las nubes o en el fuego.
Este impenetrable anonimato que encubre a los verdaderos Gobernantes de la Humanidad, los ha puesto a salvo de cualquier intento de agresión por parte de los incontables salvajes que existen en la especie biológica que ellos intentan civilizar. Por otra parte constituye también una absoluta garantía de que en este caso no puede haber usurpaciones ni falsos liderazgos, pues basta con que cualquier persona se ostente como supuesto integrante de estos Círculos para tener la completa seguridad de que no lo es. Quienes en verdad ejercen la difícil labor de conducir la evolución del planeta no alardean por ello, ni buscan tampoco honores ni privilegios. Según parece, los componentes de este Círculo o bien aparentan ser personas comunes y corrientes que desempeñan modestas actividades, o bien permanecen en un extraño estado de "suspensión" ...
¿De donde provienen y en dónde se forman quienes habrán de guiar los vacilantes pasos de la especie humana? Todo parece indicar que son siempre los mejores elementos del tercer Círculo los que en determinado momento pasan a ingresar al cuarto. Esto explicaría el por que algunos maestros, tras de llevar por muchos años una vida activa pública, desaparecen súbitamente sin dejar tras de sí rastro alguno que permita ubicarlos o tan siquiera saber si aún continúan con vida. ... seres superiores que permanecen en una especie de sueño intermedio entre la vida y la muerte, estado desde el cual continúan laborando en beneficio de toda la Humanidad. ... no viven ya en medio del anonimato de la multitud, sino que desde los ocultos escondrijos en que fueron depositados sus cuerpos, proyectan elevadas vibraciones tendientes a lograr la paulatina ampliación de la conciencia de todo cuanto existe”
...En cuanto al número, este es siempre invariable: son trece los seres que integran el Gobierno Espiritual de este Planeta. Cada raza (roja, blanca, negra y amarilla) tiene tres representantes en dicho Gobierno; el decimotercero no pertenece a ninguna raza específica, sino que representa a los distintos grupos que a través del mestizaje darán origen a la quinta raza.
Atendiendo a ciertos ciclos cósmicos de muy larga duración, el círculo está integrado por siete personas de un sexo y seis del otro. En el ciclo anterior, que se inició hace aproximadamente cinco mil años., el círculo estaba compuesto por siete hombres y seis mujeres; en el ciclo actual que recién se inicia (tomando como punto de partida 1968) y que tendrá igualmente una duración aproximada de cinco mil años, el Gobierno Espiritual del Mundo lo constituye un círculo formado por seis hombres y siete mujeres. No nos extrañe por tanto si el matriarcado se vuelve a poner de moda.
Si lo relativo a los Círculos Internos Terrestres constituye un tema en extremo misterioso y difícil, con mucha mayor razón dichos calificativos resultan aplicables en cuanto concierne a los Círculos Celestes. ... hay una plena coincidencia entre todas las Tradiciones. Uno de ellos es el de la estrecha vinculación que existe entre el plano material en el cual nos encontramos y el plano espiritual o inmaterial en el que moran los integrantes de estos círculos. De hecho no hay un radical distanciamiento entre ambos planos, sino que estos subsisten en forma simultanea diferenciándose exclusivamente por ... una distinta frecuencia o calidad vibratoria. ... esta íntima vinculación ... permite ... una comunicación entre lo humano y lo sagrado.
... otra cuestión en la que hay plena coincidencia entre todas las Tradiciones en lo que se refiere a los Círculos celestes y es la relativa a la estructura jerárquica que prevalece en estos ... los seres que integran estos círculos ocupan un determinado lugar en la escala atendiendo al grado de espiritualidad que cada uno de ellos ha logrado alcanzar, siendo dicho lugar en la escala del que se derivan tanto las atribuciones y poderes que poseen, como las funciones que realizan. ... la forma y funcionamiento de los mismos refleja más que cualquier otra cosa la existencia de un orden cósmico.”
Extractado de “El retorno de lo sagrado"; VI Círculos internos Terrestres y Celestes: Velasco Piña, Antonio


"La Milicia Celeste, integrada por todos aquellos seres que en todos los tiempos y en todos los planos han participado en la misión de colaborar al mantenimiento del orden cósmico"
"Los Siete Rayos": Velasco Piña, Antonio; p.55

Iniciado:


“... nadie que no fuera Iniciado se dio cuenta de lo que acontecía ...”
“El Prototipo”: GrinbergZ., Jacobo; p.96

“... Solo los iniciados saben muy bien lo que tienen que hacer en la tierra. Es una lástima que todos los demás solo lo recuerden cuando ya no pueden hacer nada ...”
“La ley del amor”: Esquivel, Laura; p. 201

"el anhelo de proseguir la búsqueda de un camino de desarrollo interno era mucho más fuerte que cualquier otro sentimiento"
"Dos guerreros Olmecas": Velasco Piña, Antonio; p.89

"una incesante búsqueda de un personal camino de desarrollo interno, un ir armando pieza por pieza un complicado rompecabezas"
"Dos guerreros Olmecas": Velasco Piña, Antonio; p. 93




Pruebas de Agua, Aire, Tierra y Fuego:
En el viejo Egipto de los Faraones esas cuatro pruebas se debían afrontar valerosamente en el mundo físico. Ahora el candidato debe pasar las cuatro pruebas en los mundos suprasensibles.

Prueba de fuego: esta prueba es para probar la serenidad y dulzura del candidato. Los iracundos y coléricos fracasan en esta prueba inevitablemente. El candidato se ve perseguido, insultado, injuriado, etc. Muchos son los que reaccionan violentamente y regresan al cuerpo físico completamente fracasados. Los victoriosos son recibidos en el Salón de los Niños y agasajados con música deliciosa. La música de las esferas. Las llamas horrorizan a los débiles.

Prueba de aire: aquellos que se desesperan por la pérdida de algo o de alguien; aquellos que le temen a la pobreza; aquellos que no están dispuestos a perder lo más querido, fracasan en la prueba de aire . El candidato es lanzado al fondo del precipicio. El débil grita y vuelve al cuerpo físico horrorizado. Los victoriosos son recibidos en el Salón de los Niños con fiestas y agasajos.

Prueba de agua: la gran prueba de agua, es realmente terrible. El candidato es lanzado al océano y cree ahogarse. Aquellos que no saben adaptarse a todas las variadas condiciones sociales de la vida; aquellos que no saben vivir entre los pobres; aquellos que después de naufragar en el océano de la vida rechazan la lucha y prefieren morir; esos, los débiles, fracasan inevitablemente en la prueba de agua . Los victoriosos son recibidos en el Salón de los Niños con fiestas cósmicas.

Prueba de tierra: nosotros tenemos que aprender a sacar partido de las peores adversidades. Las peores adversidades nos brindan las mejores oportunidades. Debemos aprender a sonreír ante las adversidades , esa es la Ley. Aquellos que sucumben de dolor ante las adversidades de la existencia, no pueden pasar victoriosos la prueba de tierra. El candidato en los mundos superiores se ve entre dos enormes montañas que se cierran amenazadoras. Si el candidato grita horrorizado, regresa al cuerpo físico fracasado. Si es sereno, sale victorioso y es recibido en el Salón de los Niños con gran fiesta e inmensa alegría.

Iniciación de uno de los niños héroes (Francisco Marquez) en el Bosque de Chapultepec, por parte del secreto guardian del bosque:
—Pues entonces vayamos por donde usted dice —dijo Fran­cisco, al tiempo que ayudaba a la anciana a subir al carruaje.
La carretela dobló a la izquierda y se encaminó a la entrada del bosque situada al oriente. La señora Micaela observó con atención la figura de la inesperada pasajera. Su larga y blanca cabellera enmarcaba un rostro ovalado y surcado de arrugas en el que desta­caban unos grandes ojos negros de poderosa mirada. Su sencillo vestido de manta y su rebozo blanco constituían el ropaje usual entre las clases más humildes y contrastaban con sus movimientos y con su acritud, que revelaban distinción y refinamiento.
—¿Así que trabaja usted en el Colegio Militar? —inquirió la señora Micaela.
—Sí —contestó la anciana—, soy cocinera al igual que mi esposo; también tenemos un puesto de flores aquí en la entrada del bosque.
Tras afirmar lo anterior, la mujer expresó con solemne acento:
—Este bosque es sagrado y por ello hay una forma ritual de entrar en él.
—¿Y cuál es esa forma? —preguntó Francisco.
—Es necesario pasar ciertas pruebas, y muy pocos lo consiguen.
—Nosotros no venimos a eso —afirmó la señora Micaela, a quien tanto la anciana como sus aseveraciones le estaban resul­tando cada vez más extrañas.
Yo sí quiero pasar esas pruebas —manifestó Francisco con evidente determinación.
—¿Qué eso entraña algún peligro? —preguntó la madre.
—No precisamente —repuso la anciana—. Tan sólo que si la persona no pasa las pruebas estará en el bosque como un sim­ple visitante, no formará nunca parte del mismo.
El carruaje había llegado a la entrada oriente del bosque, singularizada por varios puestos de flores. La anciana señaló a uno de los vendedores y dijo:
—Ahí está mi esposo, él tiene autoridad para designar a los candidatos a pasar las pruebas; si en verdad quiere intentarlo hable con él.
Sin decir nada, Francisco saltó de la carretela y caminó has­ta donde se encontraba el vendedor de flores. Se trataba de un anciano de delgada figura y recia tez morena, cuyo rostro refleja­ba serenidad y firmeza.
—Buenos días —saludó Francisco—. Vengo a inscribirme en el Colegio Militar y si mi escuela está en un Bosque Sagrado, nada me gustaría más que formar parte del mismo.
El anciano sonrió complacido y clavó en el aspirante a cade­te una mirada que sin dejar de ser afectuosa era profundamente escrutadora. Francisco sintió que estaba siendo objeto de un exa­men que abarcaba la totalidad de su ser, pero permaneció inmó­vil y sin siquiera pestañear. Transcurrido un rato el anciano habló:
—Eres valiente y ésta es una importante cualidad. El miedo paraliza a los seres humanos y los vuelve serviles e indignos; pero el valor solo no basta para producir frutos perdurables, requiere combinarse con otras cualidades igualmente importantes. Ojalá y ése sea tu caso.
—¿Puedo intentar pasar las pruebas para ser aceptado por el bosque? —preguntó Francisco.
—Sí, yo te acompañaré y trataré de ayudarte hasta donde me sea posible.
El anciano tomó al niño de la mano; juntos cruzaron el um­bral y penetraron al bosque. Francisco volteó hacia donde se encontraba su madre a bordo de la carretela y con la mano que tenía libre le hizo una señal indicándole que lo siguiese. El vehí­culo se puso en movimiento y entró en el bosque, sin que en esta ocasión se negase a ello el caballo que tiraba del carruaje.
—Ya que quieres formar parte del bosque, debes conocer algo de su historia —afirmó el anciano mientras avanzaba al lado de Francisco, enmedio de largas hileras de altos árboles—. Este lugar es un espacio sagrado poseedor de mágicos poderes, aquí han ocurrido muchas cosas muy importantes para México desde hace milenios.
A poco de andar llegaron a un paraje donde brotaba un ma­nantial de cristalinas aguas que se canalizaban a un acueducto.
—Esta es la principal fuente de abasto de agua de la ciudad de México -comentó el anciano— y así ha sido desde los tiempos de los aztecas, pero estas aguas pueden tener otra función aún más importante: la de purificarnos por dentro. Lograr esto constituye la primera de las pruebas, pues si no se alcanza una limpieza interior el espíritu permanece aletargado, la persona no podrá cumplir su misión en la vida y mucho menos alcanzar el privilegio de formar parte de este Bosque Sagrado.
—¿Y cuál es la forma de hacer esa prueba? —preguntó Fran­cisco.
—Hay que tomar un poco de esta agua y ver los resultados que eso produce.
El niño unió sus manos en forma de improvisado recipien­te, las introdujo en el manantial y tomó un sorbo de agua. Los efectos no se hicieron esperar. Primero sintió un mareo tan fuer­te que se vio obligado a sentarse en el suelo. Su conciencia era un torbellino de emociones y a su mente acudían toda clase de re­cuerdos, particularmente los relacionados con hechos que impli­caban fallas en su conducta. El inesperado confrontamiento con sus errores generó en su alma una doble y complementaria deter­minación: la de no volver jamás a incurrir en ellos y la de otorgar­se a sí mismo el perdón por las faltas cometidas. Una sensación de plenitud y de alivio invadió su ser.
El anciano se había mantenido observando atentamente las cambiantes emociones reflejadas en el rostro del niño. Palmeán­dole afectuosamente la espalda le dijo:
—Te felicito, has pasado la prueba del agua y alcanzado la purificación interior. Ahora viene la prueba de la tierra, ojalá y también la pases.
Francisco se levantó y reinició la marcha. La carretela que conducía a su madre y a la esposa del anciano se puso nuevamente en movimiento. La señora Micaela había visto a su hijo detenerse a tomar agua del manantial y luego sentarse unos momentos, sin poder ni remotamente imaginar la trascendental transformación ocurrida durante esos instantes en la conciencia de Francisco.
No toda el agua que brotaba del manantial se canalizaba al acueducto que la conducía a la ciudad; una parte se reserva­ba en un pequeño lago situado junto al ojo de agua y era utili­zada para regar los árboles y las plantas del bosque. Un rústico puente de madera, por el que podían circular personas y ca­rruajes, permitía atravesar el canal que llevaba el agua del ma­nantial al lago.
El anciano apuntó hacia el puente y expresó:
—Esa es la segunda prueba; tendrás que cruzarlo.
Francisco observó a su acompañante con extrañeza, sin po­der comprender que se calificara como una prueba el hecho de atravesar aquel puente, pues era evidente que eso podía hacerse sin ninguna dificultad.
Al llegar junto al puente el anciano se detuvo y explicó: —Los puentes sirven para pasar de un lugar a otro y por ello simbolizan un medio de cruzar de nuestra realidad ordinaria a otra superior y sagrada. Del otro lado de este puente está la parte más sagrada del bosque, si al cruzarlo logras que tu con­ciencia perciba esa otra realidad, habrás pasado la prueba de la tierra.
Con paso lento y firme Francisco inició su avance en el puen­te. Desde el primer instante se percató de que hacer lo que pedía el anciano no iba a ser nada fácil. Lo que denominamos realidad es resultante de una valoración que hace nuestra mente de cuan­to percibimos a través de los sentidos. Trascender este mecanismo de percepción y evaluación requiere de un esfuerzo sobrehumano, así como de una necesaria ayuda proveniente de otros planos. Tras dar unos pasos, el pequeño jalisciense se vio obligado a detenerse; era como si una invisible e impenetrable barrera se hubiese interpuesto en su camino. Francisco cerró los ojos e invocó la ayuda de la Virgen de Zapopan y de su difunto Padre. Al sentir que de lo más profundo de su ser brotaba una poderosa energía tuvo la certeza de que su plegaria había sido escuchada. Abrió los ojos y ya sin ninguna dificultad prosiguió su camino. A su lado marchaba el anciano y a sus espaldas el paso de la carretela en que viajaba su madre hacía crujir las viejas vigas de madera que sostenían el puente.
Al pisar la tierra después de haber cruzado el puente, Fran­cisco tuvo la impresión de que ahora podía ver y sentir cuanto le rodeaba de muy diferente manera. Era como si de improviso hu­biese alcanzado, aun cuando fuera de forma incipiente, la capa­cidad de establecer comunicación con los integrantes de los reinos mineral, vegetal y animal.
—Muy bien —exclamó el anciano con jubiloso acento—, ya aprobaste la segunda prueba; ahora viene la tercera, la del aire.
Al tiempo que hablaba, el anciano señaló con el índice un cercano paraje constituido por un claro en el bosque y cuatro enormes ahuehuetes. Al llegar al lugar afirmó:
—Estos ahuehuetes no sólo apuntan a cada uno de los pun­tos cardinales, sino que son los conductores en este bosque de los cuatro vientos, los que al combinarse dan origen y recogen la forma de todo lo que existe en este mundo.
Acto seguido extendió ambos brazos y con las manos uni­das apuntó al ahuehuete ubicado en el oriente al tiempo que pro­nunciaba varias frases en náhuatl. Luego fue señalando a los otros tres ahuehuetes, pronunciando en cada caso diferentes frases en el idioma de Cuauhtémoc. Al concluir dio unos pasos atrás de­jando a su acompañante justo enmedio del arbóreo cuarteto.
Francisco sintió de inmediato la presencia de cuatro pode­rosas y diferenciadas energías provenientes de cada uno de los ahuehuetes. Comprendió entonces la razón por la que la anciana cocinera había mencionado que el viento que le correspondía era el del oriente. En efecto, de ese punto cardinal provenía una fuerza que se integraba armónicamente a su naturaleza.
Una especie de suave remolino comenzó a sacudir las ramas de los cuatro árboles. El aire parecía danzar y mezclarse justo en el lugar en que se encontraba Francisco, el cual tuvo primero un sentimiento de rechazo y oposición a todas aquellas energías que por no provenir del oriente no sentía como propias, pero luego un chispazo de intuición le hizo comprender que esa no era la actitud adecuada, sino que por el contrario, debía "abrirse a los cuatro vientos". Fue una ardua tarea; el ego sustenta no sólo su seguridad sino su existencia misma en la engañosa visión de que constituimos individualidades separadas, sin jamás admitir que somos células interconectadas y formando parte del gran orga­nismo del universo.
El anciano que iba guiando al niño debió concluir que éste había pasado su tercera prueba, pues afirmó complacido:
—Ya entendiste que todos y todo somos uno; sólo te falta una última prueba, la del fuego.
Al tiempo que afirmaba lo anterior, el anciano señaló con el índice a un ahuehuete ubicado a muy escasa distancia de donde se encontraban. El árbol era viejo de verdad, de sus múltiples ramas colgaban gruesos racimos de heno y tanto su anchura como su altura eran de excepcionales proporciones.
Con respetuoso acento el anciano explicó:
—Este árbol se llama El Sargento y es la máxima autoridad del bosque. Es él quien autoriza que este espacio sagrado pue­da ser utilizado para cumplir sus funciones, que son principal­mente las de constituir una doble puerta: horizontal y vertical. La puerta horizontal es la que permite entrar ritualmente al actual centro sagrado del país. Los aztecas estuvieron acampa­dos varios años en las cercanías de Chapultepec, esperando a que el árbol les diera el permiso para cruzar esta puerta, reco­rrer el último tramo de su peregrinación, llegar al centro y fun­dar Tenochtitlan. La puerta vertical no se ha utilizado desde hace muchos siglos, desde la época de los toltecas, cuando al­gunos de sus máximos sacerdotes la empleaban para dejar el mundo y a través de ella llegar a otros planos. Fue lo que intentó hacer Moctezuma cuando supo de la llegada de los europeos, pero el ahuehuete no le dio permiso y tuvo que regresarse a en­frentar su destino. Anda, ve a ver cómo te va con El Sargento.
Con andar firme y decidido, Francisco avanzó hasta quedar frente al enorme ahuehuete. Primero tuvo la clara percepción de encontrarse ante un ser de edad inmemorial y poseedor de grandes poderes; acto seguido alcanzó una profunda comprensión de la esencial naturaleza de dicho ser. El Sargento pertenecía al selectísi­mo grupo de aquellos que alcanzan a convertirse en vida en habi­tantes del mundo de lo sagrado. Su apariencia exterior era la de un árbol, pero en realidad era una inmensa llama cuyo fuego sacralizaba a todo el bosque. El ahuehuete se había percatado ya de la pre­sencia del niño y dejó caer sobre éste una lluvia de fuego en forma de hojas y de heno. Francisco permaneció inmóvil enmedio de unas llamas que no quemaban su piel, pero sí incendiaban su espíritu. El anciano se aproximó caminando pausadamente y afirmó: —Has logrado pasar las cuatro pruebas. Ven, te enseñaré el lugar más sagrado del bosque.
Seguidos siempre por la carretela, niño y anciano reanuda­ron su andar por entre los árboles, hasta llegar ante una roca de forma singular situada al pie del cerro. El anciano señaló a la roca y dijo con solemne acento:
—Es un altar sagrado, tal vez el más antiguo de México; es de otros tiempos, cuando existía una humanidad diferente a la de hoy en día.
Francisco observó con muda y respetuosa atención la roca, percatándose de que efectivamente tenía la forma de un altar. Una sensación de máxima sacralidad prevalecía en el ambiente de ese lugar. La existencia de fuerzas y seres invisibles se percibía con toda claridad. Tras permanecer un buen rato en silencio, el anciano se persignó y dijo:
—Bien, creo que ora sí ya puedes ir a inscribirte en tu cole­gio. ¿Me permiten que los acompañe? Yo también voy para alia, es hora de empezar a preparar la comida. Niño y anciano se subieron a la carretela y ésta ascendió desde la base hasta la cima del cerro, deteniéndose a la entrada del castillo. Dos rígidos cadetes montaban guardia y un tercero interrogaba y tomaba nota de cuanta persona entraba o salía del edificio. Al ver llegar a la carretela se aproximó a ella y saludo cordialmente a la pareja de ancianos.
“Los siete rayos”(Fragmento); Antonio Velasco Piña, pp. 20-26

Al igual que desde tiempos inmemoriales, hoy dia, secretos guardianes de lugares sagrados, en México y en todo el planeta, continuan iniciando a seres sedientos de verdad superior
Aquarius